El trabajo lo veo crudo…
En mi, ligera y controlada, obsesión por hacer el Bewerbungsmappe (CV más carta de motivación) perfecto, decidí disfrazarme con camisa por un rato y dejar que me sacaran unas fotos con mi cámara.
Ni falta hace decir que el resultado está a años luz del que hubiera conseguido en un estudio con unos buenos focos fijos, etc, pero ello hubiera necesitado de un ego suficientemente hinchado para pagarle 50 euros a un fotógrafo (y de los 50 euros “de sobra”), pero las fotos también quedaron notablemente mejor que las de un fotomatón (me encanta esta palabra).
Decidí hacer toda la sesión en RAW para luego posprocesarlo y seguir descubriendo las maravillas y posibilidades que te ofrece el formato. Para los profanos, cuando sacamos fotos con la cámara digital compacta de chopocientos megapixels como si fuera una ametralladora, la información captada por el sensor de la cámara pasa a través del procesador de imagen que realiza, de acuerdo a ajustes como el balance de blancos que previamente hemos configurado en la cámara, un tratamiento de la imagen para determinar una serie de parámetros que deciden como va a verse la imagen que obtendremos y utilizaremos.
Cuando tiras fotos en RAW lo que haces es guardarte la información captada por el sensor tal cual, sin conservantes ni colorantes, con lo que más tarde puedes hacer auténticas virguerías en el revelado (digital, el posprocesado de estas imágenes en RAW).
De momento estoy usando el Nikon Capture NX, pero ahora probaré el Adobe Lightroom. Todo un acierto este nombre para resaltar la similitud que tiene este procesado con el revelado de toda la vida en cuarto oscuro.
Está claro que no tiene el sabor a clásico ni el olor a químicos ni el proceso físico en sí con sus tiempos y sus posibilidades de estropear los negativos. Sin embargo, el llegar a casa y tener que trabajar un rato con las fotos, seleccionar las que valen y las que no, y dedicarle tiempo hace que las fotos se parezcan más a un plato elaborado que al fast-food que parece a veces el volcar las doscientas fotos que has hecho en tu último viaje con tu cámara digital y que luego ni las ves.
Ojo, que el plato elaborado puede salirte mal y saber a rayos y el fast-food ser realmente una hamburguesa de buena carne y tener una pinta y un sabor estupendos. Pero bueno, el que le guste cocinar y no sólo comer sabrá apreciar la diferencia.
Ah, en cuanto a cocinar leí ayer en la GQ del gimnasio dos truquillos para cocinar que me parecieron geniales.
- El primero es poner algo comestible (frutos secos, aceitunas) a mano mientras cocinas, para que el hambre no te haga apresurarte o precipitarte en la cocina.
- El segundo, usar los fogones siempre a menos de la mitad de la escala que te ofrecen, así siempre hay más tiempo para preparar bien las salsas o los entrantes o las ensaladas, por no mencionar que las carnes quedan mucho más blanditas.
El primer truco ayuda a conseguir el segundo, si tienes prisa seguro que pones los fogones a tope, y el segundo no vale cuando quieres hervir agua o hacer steaks, pero son útiles auf alle Fälle.
Ah, lo del trabajo, el de la vida real, parece que va viento en popa. Esta semana ya la primera entrevista…
Seguiremos informando,
sed felices, apresuraos menos en lo que tengáis que hacer y pasad menos tiempo delante del ordenador.
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